Trump (1730): el pug del pintor William Hogarth que cambió la imagen de la raza

En 1745, el pintor satírico inglés William Hogarth se autorretrató con su pug, Trump, ocupando el primer plano. El cuadro se exhibió en Londres y causó revuelo. En diez años el pug pasó de ser una rareza oriental a ser el perro de moda en la burguesía inglesa. Esta es la historia del perro que cambió la percepción social de toda una raza.
El pug antes de Hogarth
El pug llegó a Europa en el siglo XVII traído por la Compañía Holandesa de las Indias Orientales desde China. Allí era el perro de la corte imperial: criado en los palacios de la dinastía Ming bajo el nombre Lo-sze y reservado a la nobleza. En Holanda se convirtió en mascota oficial de la Casa de Orange después de que un pug salvara la vida del príncipe Guillermo el Taciturno en 1572.
Pero en la Inglaterra del primer tercio del XVIII, el pug seguía siendo una rareza. Lo tenían algunos aristócratas con conexiones holandesas y poco más. La burguesía inglesa prefería los terriers, los spaniels y los hounds.
Hogarth y su Trump
William Hogarth (1697-1764) era el pintor inglés más popular de la primera mitad del XVIII. Sus series satíricas (A Rake's Progress, Marriage A-la-Mode) le hicieron rico y famoso, y desde joven tuvo perros. Su perro Trump nació en 1730 y vivió con él hasta 1745. Hogarth lo adoraba.
En 1745, Hogarth pintó su autorretrato más famoso: «The Painter and his Pug», conservado hoy en la Tate Britain. La composición es deliberadamente extraña: el pintor aparece en óvalo, dentro de un cuadro, sobre una pila de libros (Shakespeare, Milton, Swift) — y delante de todo el conjunto, en primer plano, ocupando casi un tercio del cuadro, está Trump. Mirando directamente al espectador.
El mensaje político del autorretrato
Trump no estaba ahí por capricho. Hogarth había escrito muchas veces que él se identificaba con su pug: testarudo, leal, capaz de morder al adversario sin soltarlo nunca, despreciado por las élites refinadas. Poner al pug delante de su propia cara era una declaración: «Yo soy este perro».
Funcionó como propaganda visual. El cuadro se reprodujo en grabados en serie (Hogarth fue pionero del grabado comercial) que se vendieron por miles en toda Inglaterra. La burguesía compradora veía: pintor exitoso + perro exótico = quiero ese perro. La demanda de pug se disparó.
El pug georgiano vs el pug actual
El Trump de Hogarth tenía un aspecto muy distinto al pug moderno:
- Patas más largas — proporciones casi cuadradas, no chaparras
- Hocico más alargado — sin la braquicefalia extrema actual
- Pliegues faciales moderados — sin los pliegues profundos que hoy causan dermatitis
- Cuerpo atlético — capaz de caminar varios kilómetros sin distrés respiratorio
Las modificaciones extremas vinieron mucho después, en la era de las exposiciones victorianas (1880-1920), cuando se primaron los rasgos «cómicos»: más chato, más arrugado, más bajo. Esos rasgos exagerados son los que hoy generan los problemas respiratorios (síndrome braquicefálico) y oftálmicos (proptosis) que aquejan a la raza.
Genealogía
3 generacionesUn cuadro como acta de nacimiento
Como Hogarth pintó a Trump con detalle anatómico preciso, el cuadro funciona como documento fenotípico fundacional del pug en Inglaterra. Los criadores de pug retro («Retro-Mops» en Alemania, donde se cría el pug funcional desde los años 2000) usan a Trump como referencia visual del fenotipo deseado: cuerpo más atlético, hocico más largo, salud respiratoria normal.
Si te preocupa la salud del pug y quieres comprar uno funcional, busca criadores que hablen explícitamente de Retro-Mops o «Original Pug» y que muestren radiografías de tórax, pruebas de BOAS (Brachycephalic Obstructive Airway Syndrome) y evaluaciones oftalmológicas.
Los Hogarth-pugs después de Trump
Hogarth tuvo otros pugs después de Trump (Pugg, Crab, Trump II...) que también pintó en composiciones secundarias. Pero ningún otro alcanzó la centralidad de Trump.
Trump fue sepultado en el jardín de la casa de Hogarth en Chiswick (Londres). La casa hoy es museo: Hogarth's House, gratuito, calle Hogarth Lane. Conserva una figura escultórica de Trump en el jardín — encargada por Hogarth en vida — que es una de las primeras esculturas funerarias caninas documentadas en Inglaterra.
Por qué importa para la raza
Trump no fundó genéticamente al pug — la raza ya existía. Pero cambió su percepción social. Después de Hogarth, tener pug era un signo de cultura. Esa demanda multiplicó la cría organizada en Inglaterra y permitió que la raza llegara estable al siglo XIX. Sin Hogarth y Trump, es posible que el pug se hubiera quedado en curiosidad palaciega y hubiese desaparecido al caer la moda holandesa.
El cuadro sigue en la Tate Britain. Está a la entrada de la sala Hogarth. Trump te mira desde el primer plano, como en 1745. Sigue siendo el primer rostro que ve cualquier visitante.


